Sanación Espiritual
En las últimas entradas o artículos de este blog, nos hemos enfocado en la intoxicación, corrupción y muerte espiritual. En esta ocasión deseamos ver la otra cara de la moneda, el lado positivo.
Si bien, estamos tan influenciados por todos los medios para vivir intoxicados y corrompidos espiritualmente, desde tiempos inmemorables, el ser humano a pesar de su tendencia natural hacia el pecado, tiene también un llamado, un anhelo, un interés verdadero por los bienes espirituales y el bien.
Esto es más fácil de percibir en los primeros años de vida, cuando todavía no hemos sido contaminados por el entorno ni las influencias de la sociedad. Nacemos inocentes, pero a medida que crecemos vamos cayendo ante diferentes toxinas, las cuales no siempre son de fácil detección. La más común toxina que podemos apreciar desde pequeños es el egoísmo, ese centrarse en uno mismo y que nos suplan todas nuestras necesidades.
A medida que crecemos, son los padres los que están llamados a corregir esta conducta y enseñarle el valor del compartir y el pensar también en los demás para una sana convivencia. Si no vamos corrigiendo actitudes a medida que crecemos, podemos ir acumulando toxinas y llegar a ser hombre y mujeres con muchas limitaciones espirituales.
Es por esta razón que la sanación espiritual resulta de vital importancia para todo ser humano, necesitamos sanar de heridas que nos han causado y de heridas que también nosotros hemos causado en otros.
En nuestros días, la sanación espiritual suele relacionarse más que todo con prácticas orientales como el yoga, el reiki, medicina ayurvédica, entre otras practicas. Sin embargo más allá de su efectividad terapéutica, la sanación interior debe venir de una verdadera introspección que nos ayude a sacar todo lo que nos hace daño en nuestro corazón y lo que pueda estar haciéndole daño a los demás.
Para esta finalidad una de las más importantes herramientas es la oración. La persona que no es capaz de orar de manera sencilla y sincera, le cuesta mucho abrirse y sanar sus heridas.
Ahora bien, una vez se consigue realizar la oración de manera correcta, sencilla y sincera, es importante escuchar la respuesta que el Señor nos tiene. El Señor no solo puede sanar tu espíritu, sino que también lo puede perdonar, de todo lo malo que ha hecho, eso sí, solo si se tiene un verdadero arrepentimiento en el corazón y la firme determinación de no volver a caer en las garras del mal.
Solemos relacionar el mal con el diablo o demonio, y eso esta bien, pero, debemos también reconocer que el demonio no muestra su rostro tan fácilmente, por lo general nos engaña y nos mantiene engañados pensando que nosotros somos los que tenemos el control. El objetivo es mantener nuestro espíritu lo más contaminado posible, el mayor tiempo posible. Y lo más impresionante es que en la actualidad, la mayoría de las personas, no ponen mayor resistencia.
Para lograr la sanación espiritual o incluso la física existen diferentes formas de orar y de alcanzar la salud plena. Las principales son:
Si bien, estamos tan influenciados por todos los medios para vivir intoxicados y corrompidos espiritualmente, desde tiempos inmemorables, el ser humano a pesar de su tendencia natural hacia el pecado, tiene también un llamado, un anhelo, un interés verdadero por los bienes espirituales y el bien.
Esto es más fácil de percibir en los primeros años de vida, cuando todavía no hemos sido contaminados por el entorno ni las influencias de la sociedad. Nacemos inocentes, pero a medida que crecemos vamos cayendo ante diferentes toxinas, las cuales no siempre son de fácil detección. La más común toxina que podemos apreciar desde pequeños es el egoísmo, ese centrarse en uno mismo y que nos suplan todas nuestras necesidades.
A medida que crecemos, son los padres los que están llamados a corregir esta conducta y enseñarle el valor del compartir y el pensar también en los demás para una sana convivencia. Si no vamos corrigiendo actitudes a medida que crecemos, podemos ir acumulando toxinas y llegar a ser hombre y mujeres con muchas limitaciones espirituales.
Es por esta razón que la sanación espiritual resulta de vital importancia para todo ser humano, necesitamos sanar de heridas que nos han causado y de heridas que también nosotros hemos causado en otros.
En nuestros días, la sanación espiritual suele relacionarse más que todo con prácticas orientales como el yoga, el reiki, medicina ayurvédica, entre otras practicas. Sin embargo más allá de su efectividad terapéutica, la sanación interior debe venir de una verdadera introspección que nos ayude a sacar todo lo que nos hace daño en nuestro corazón y lo que pueda estar haciéndole daño a los demás.
Para esta finalidad una de las más importantes herramientas es la oración. La persona que no es capaz de orar de manera sencilla y sincera, le cuesta mucho abrirse y sanar sus heridas.
Ahora bien, una vez se consigue realizar la oración de manera correcta, sencilla y sincera, es importante escuchar la respuesta que el Señor nos tiene. El Señor no solo puede sanar tu espíritu, sino que también lo puede perdonar, de todo lo malo que ha hecho, eso sí, solo si se tiene un verdadero arrepentimiento en el corazón y la firme determinación de no volver a caer en las garras del mal.
Solemos relacionar el mal con el diablo o demonio, y eso esta bien, pero, debemos también reconocer que el demonio no muestra su rostro tan fácilmente, por lo general nos engaña y nos mantiene engañados pensando que nosotros somos los que tenemos el control. El objetivo es mantener nuestro espíritu lo más contaminado posible, el mayor tiempo posible. Y lo más impresionante es que en la actualidad, la mayoría de las personas, no ponen mayor resistencia.
Para lograr la sanación espiritual o incluso la física existen diferentes formas de orar y de alcanzar la salud plena. Las principales son:
- Sanación por intercesión: son oraciones que hacemos en compañía de alguien, y ese alguien puede ser alguien físico o alguien espiritual como la Virgen o los Santos. En cualquier caso siempre es necesario invocar al Espíritu Santo para que interceda por nosotros.
- Sanación por alabanza: son aquellas sanaciones que se dan en el medio de una plegaria o alabanza.
- Sanación por bendición: son aquellas sanaciones que se dan al recibir la Santa Bendición, ya sea en vivo por medio de un sacerdote, religioso o laico, o incluso en la distancia por medio de la radio o la televisión, recibiendo la Bendición del Papa, o algún otro líder religioso que le bendice. Por lo general se utiliza la señal de la cruz o alguna fórmula de bendición especial.
- Sanación por aspersión: se trata de aquella sanación que se da por el contacto con agua bendita, principalmente en el bautismo, pero también se puede utilizar en otras ocasiones.
- Sanación por la luz: se realiza al prender velas o cirios y orando para que la luz que ilumina el mundo entero nos sane y nos libere cada vez que las encendamos.
- Sanación por imposición de manos: utilizada desde muy antiguo, debe ir acompañada de la oración.
- Sanación por unción: la unción con aceite es una práctica milenaria utilizada para designar reyes, ahora es Jesús quien nos unge con su espíritu por medio del aceite bendecido.
- Sanación por perdón: podemos y debemos pedir perdón en todo momento por nuestras fallas y debilidades. Pero es aun más efectivo y liberador si se hace de manera sacramental, como el mismo Jesús lo estableció. Pedir perdón y orar, se ha comprobado científicamente que ayudan a mejorar la salud física, mental y espiritual.
- Sanación por la Palabra de Dios: la lectura constante y asidua de la Palabra también resulta beneficiosa para la salud del cuerpo, la mente y el espíritu.
- Sanación por la Eucaristía: la Misa en si es todo un itinerario de oración, perdón y agradecimiento que nos ayuda a sanar nuestro espíritu.
- Algunas sanaciones más específicas se dan cuando se recuerda con devoción alguna característica especial de Cristo, por ejemplo, sus llagas, su corona de espinas, su mismo Nombre.
- Existen otros tipos de sanaciones y no importa realmente cual sea el medio o el método, lo importante es mantenernos unidos en el Señor.
En resumen, contamos con muchos medios para lograr nuestra paz interior y nuestra sanación espiritual, pero debemos dar el primer paso, un paso de fe y luego, continuar caminando sin parar hasta la meta celestial.
Jesús tiene el poder no sólo para curar, sino también de perdonar los pecados; vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; él es el médico que los enfermos necesitan” (Catecismo de la Iglesia Católica #1503).
Bendiciones.






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