Orgullo y negación del pecado

La palabra orgullo ha tenido una gran proliferación en los últimos años, pero, qué significado realmente tiene esta palabra, está bien o está mal sentir orgullo. Vamos a tratar de responder a esta pregunta respetando la dignidad de la persona y estableciendo la manera más sana de sentir orgullo sin que eso implique caer en pecado o en conflicto con nuestra fe.


En primer lugar tendríamos que diferenciar el orgullo de la soberbia, ya que pueden parecer lo mismo, pero no lo son. El orgullo puede ser disimulable y no necesariamente negativo cuando surge de causas nobles, valores o virtudes, pero la soberbia se concentra en el deseo de ser preferido por otros, basándose en la satisfacción de la propia vanidad.

El orgullo por su parte lo podemos definir como ¨El exceso de estimación hacia uno mismo y hacia los propios méritos por los cuales la persona se cree superior a los demás¨. Pero desde un punto de vista menos egocentrista se puede definir como ¨Sentimiento de satisfacción hacia algo propio o cercano a uno que se considera meritorio¨. Es decir, si se tiene en exceso orgullo por cualquier causa, éste puede generar soberbia, pero si se tiene en la justa medida puede representar un sentimiento de realización por un logro personal, académico, deportivo o profesional, entre muchos otros.



Ahora bien, cual es el problema del orgullo, y qué es lo que provoca que sea incluido como uno de los siete pecados capitales. En primer lugar, tenemos que recordar que todos los pecados capitales son solo la puerta de entrada a un conjunto de comportamientos que nos alejan de la comunión con Dios, es decir, que nos alejan de nuestra dignidad como Hijos de Dios y por ende causan enemistad con nuestro Creador. Si bien, Dios es misericordioso y nunca se cansa de perdonar todas nuestras faltas, el pecado del orgullo tiene la particularidad de ir acompañada con una negación del pecado. 

La persona que ha caído en orgullo le cuesta mucho reconocer ese comportamiento. Personas que caen en pecado de lujuria, pueden arrepentirse y buscar reconciliación; personas que caen en pecado de infidelidad, pueden arrepentirse y buscar la reconciliación; personas que caen en pecado de robo, pueden arrepentirse y buscar reconciliación, etc. Pero lo que tienen en común todas estas personas es que, el orgullo los puede llevar a negar su pecado y ese orgullo puede impedir que se arrepientan y que busquen la reconciliación.



Desde un punto de vista psicológico se pueden distinguir dos tipos de orgullo diametralmente opuestos en sus efectos, el positivo y el negativo. El orgullo positivo es aquel sentimiento de autoconfianza también denominado autoestima, la cual nos permite sentirnos seguros y orgullosos de nuestras acciones por que van de acuerdo a nuestros valores. Mientras el orgullo negativo es aquel que nos aleja de nuestros valores y genera conflictos tanto internos como externos, que al verse convertido en soberbia, no permite reconocer las fallas personales y los problemas que implican esos comportamientos. Este tipo de orgullo nos incapacita para reconocer y enmendar nuestros propios errores y pone de manifiesto la falta de una virtud muy importante, la humildad. 

La humildad consiste en la virtud de reconocer las debilidades, los errores y fallas de uno mismo, de manera que por medio de la humildad se puede superar el orgullo negativo y la soberbia. Sin embargo, hace falta algo más que buenas intenciones para llegar a ser humilde. La humildad tiene un precio que no todos están dispuestos a pagar y la misma es la humillación, pero una autohumillación que nos permite ver lo que no logramos ver cuando estamos cegados por el orgullo y la soberbia. Aunque suene duro, esta autohumillación es necesaria para abatir el orgullo propio.

Podemos identificar esta actitud de autohumillación como un camino interior de autoconocimiento en busca de esos comportamientos y actitudes en que hemos fallado en algún momento. Sin embargo, existe también una falsa humildad en que solo se busca aparentar humildad, con un interés oculto o para conseguir algún objetivo.



La mayor muestra de humildad de la historia nos la mostró Jesucristo, quien sin tener faltas o pecados, se sometió a la más grande humillación de su época de manera voluntaria (la crucifixión) para mostrarle a sus discípulos y a todos nosotros el camino de la humildad. En muchas ocasiones, al reflexionar sobre este sacrificio Santo, el ser humano logra entender la importancia de ser humilde y de buscar una conversión de corazón. En muchas otras ocasiones gana el orgullo y no permite reconocer la grandeza de aquel que vino a salvarnos, de la ira, la envidia, el odio, el orgullo y la soberbia. Sin embargo, no seria justo para nosotros como humanos compararnos con Jesús, dado que su naturaleza es divina. Otro ejemplo de humildad pero de una persona enteramente humana lo encontramos en su Madre María, a quien nos dio como Madre justamente en la Cruz antes de cumplir su misión.

María fue una mujer humilde y entregada a Dios y a su Voluntad para con ella, y en toda la Sagrada Escritura no encontramos un pasaje de reproche, negación, desobediencia o rebeldía. Muy por el contrario, la humildad perfecta de Santa María radica en su conciencia de creatura, débil, frágil y limitada, ante Dios, su Creador, su Señor y Redentor. Acepto cumplir la Misión de llevar en su vientre al Salvador del Mundo, de cuidarlo, protegerlo y educarlo junto a San José, otro ejemplo de gran humildad.


La Virgen María se veía a sí misma como la esclava del Señor, y se hizo disponible para servirlo, amarlo y obedecer en todo al Señor. No se dejo llevar ni un instante por el orgullo o la soberbia al verse elegida para tan gran privilegio, sino por el contrario, guardaba todo en el silencio de su corazón, y cumplió con su Misión hasta el final, siendo la única persona que estuvo con Jesús desde antes de su nacimiento, hasta su crucifixión y aun más allá, en su resurrección, Siempre estuvo allí para servir y para darnos ejemplo de humildad.

Por último, queremos referirnos al orgullo que promociona la agenda de género a nivel mundial, con unos fines más bien políticos.  Un orgullo por tener un gusto o preferencia sexual cuando esto nunca ha sido algo que se resalte en la biografía de ningún personaje. Por lo general se mencionan sus características físicas, sus logros profesionales, deportivos, académicos, familiares, etc. Pero a ningún personaje de la historia se le recuerda por ser o por tener una preferencia sexual particular. Sin embargo, más allá de eso, esta agenda del género busca, por medio de una desfiguración del matrimonio y la familia tradicional, impulsar la perspectiva de género por medio de leyes para equiparar el matrimonio hombre y mujer con las uniones del mismo sexo, luego de esto impulsar la adopción de niños por estas personas, el cambio en los currículos educativos, los Códigos de la Familia y los artículos de la Constitución que protegen la institución familiar, con las debidas consecuencias a nivel cultural, social, político y moral. Hay muchos ejemplos de hasta dónde se puede llegar al impulsar esta agenda ideológica, pero lo interesante es que utilizan algo como el ¨orgullo¨ para lograr sus intereses. 
A las personas que tienen una preferencia sexual distinta a la heterosexualidad, que es la única unión con potencial de generar vida, y crear una familia de manera natural, hay que respetarlas, aceptarlas e incluso, amarlas. Por el solo hecho de ser persona, ni más ni menos que los demás, con sus virtudes y sus defectos es una persona y merece respeto como persona. Pero si estas personas hacen ¨lobby¨ para generar movimientos e impulsar leyes que atentan contra la vida, contra la familia y contra la ley natural se van a encontrar con una resistencia sana, una resistencia libre de prejuicios, libre de homofobias, libre de insultos. Una resistencia que busca defender la verdad, la biología y la ciencia. 

Solo basta ver las imágenes de los desfiles del orgullo para entender el porqué nos resistimos a permitir que se eduque a los niños en perspectiva de género. No podemos aceptar que esos espectáculos sean la norma en el día a día y la cultura de la sociedad. Y no sabemos hasta dónde puede llegar todo esto de los géneros que fragmentan al ser humano partiendo de sus gustos sexuales y no de quién es como persona, como hombre o como mujer, los únicos sexos que existen. Si después de reflexionar su sexualidad y decidir hacer con su vida lo que quieran, lo pueden hacer, seguro tendrán sus consecuencias. Pero, querer obligar a la sociedad a celebrar su ¨orgullo¨ no solo un día, sino una semana, en algunos lugares hasta un mes y en otros, ya completamente entregados a la agenda de género, celebran todo el año; impulsando series, películas y campañas publicitarias para promover toda su agenda ideológica.

 

En este mes, celebremos el orgullo de ser seres humanos, más allá de las etiquetas, somos seres humanos, hombres y mujeres con nuestras virtudes y debilidades. Seamos humildes y aceptemos lo bueno y lo virtuoso de nuestras vidas, pero también nuestras debilidades, y no pretendamos sentirnos orgullosos por razones equivocadas. Orgullo da tener un diploma, participar en una carrera, formar una familia, aprender a andar en bicicleta, en fin, cualquier logro; pero no decirle a los demás con quien me gustaría irme a la cama. Eso no tiene porqué causar orgullo, eso es algo privado que no debe ser de interés público, no debe ser promovido, ni debe ser una imposición para los niños de las actuales ni futuras generaciones como pretende la agenda que impulsa la perspectiva de género.

Por último, no olvidemos que el amor todo lo puede, que Dios es misericordioso y que todos somos igual de pecadores. El Señor nos llama a amar y acoger a todas las personas independientemente de su pecado, no nos corresponde a nosotros juzgar los actos de los demás, pero si estamos llamados a decir la verdad, a corregir y alertar para que todos se salven y no vivamos esclavos de nuestros pecados. Nadie es perfecto pero todos estamos llamados a la santidad, y la santidad no es más que tratar de hacer el bien, sin mirar a quién, amar al prójimo como a uno mismo y corregir al que está en el error. Si nos quedamos callados ante el pecado, nos hacemos cómplices del mismo, por eso es una responsabilidad decir y defender la verdad. Bendiciones. 

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